Por fortuna nos hallamos inmersos en un
confortable Bar-Restaurante en Santa Eufemia del
Arroyo: El Caserio de Santa Bárbara,
a la mismísima orilla de la carretera que une
Medina de Rioseco con Villalpando.
Magníficas son las habitaciones y apartamentos
que la restauración ha conseguido, gran patio
corral con artístico y funcional portón de salida al
exterior. A tan extenso patio van a dar los
arqueados ventanales de las caballerizas y las
puertas de cuadras y cocheras--que hoy se han
convertido en amplios salones y dependencias del
bar-restaurante--, mientras que en otro ángulo
cultivan ecológicas hortalizas al trasluz de
variados árboles frutales. Todo es regado con
agua sin cloro que brota en su pozo de inagotable
manantial. Por añadidura, existen palomar y
bodega. Esta llanura de
Campos, a simple vista, no parece pintoresca, mas
los artistas la ven con una fisonomía
privilegiada, señora de todos los colores.
Retrocedamos en el tiempo para encontrarnos en el
sagrado lugar del Humilladero, cercanísimo a
esta Casa, donde el autor de Fray Gerundio de
Campazas, el P. Isla, reponía fuerzas, sentado
en el pedestal de la cruz de piedra que se
erguía delante del oratorio. Su afición a la
caza contribuía a desinhibirle de su trabajo
intelectual. Cuidaba la escopeta con esmero,
puesto que era prestada. Perseguía a la perdiz
autóctona roja, difícil de tirar por su rapidez
en el vuelo. Mano sobre mano, con su perro Bobo
rastreando, hacía saltar de su encamado alguna
liebre, que orgullo de acertarla al primer
disparo llevaba suspendida por las patas traseras
hasta encontrarse con un conocido que la recibía
de regalo.
Sensacional es ver amanecer desde esta mansión.
Contemplar cómo la silenciosa y monumental bola
de fuego va desperezando al resfriado rastrojal.
Este sol criador encela a la oveja, hace saltar
la plateada argaya de la cebada, esconde al
azulón entre las cañaveras, medra las promesas
de las parras y, cuando está en su cenit, madura
la fruta, en tanto que la alondra, suspendida en
lo alto del cielo, derrite en su garganta las
notas de su orquestal melodía. Todo se goza
desde el solaz de este Caserío. Hay,
naturalmente, muchos lugares en el mapa para
residir, pero os aseguro que desde todos ellos os
acordaréis de la inefable paz que aquí existe.
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